Considero que la docencia es todo un reto personal y profesional, más desafortunadamente, sea la forma en que nos adentremos en ella e inclusive si se tienen las bases pedagógicas o no, todos nos enfrentamos a una realidad distinta a lo que pensábamos y esperábamos; es bien diferente estar tomando clases en la universidad y querer salir y hacer todo tal cual lo aprendimos durante nuestra estancia en ella, y es ahí donde nos topamos con nuestro primer error y barrera, llegamos queriendo hablar, actuar y enseñar como en nuestras casas de estudios, en mi caso, al principio trataba de darles mucha información y asumía que ellos ya tenían conocimientos previos, por lo que les manejaba un lenguaje un poco avanzado a su nivel, cayendo en cuenta que, los alumnos con los que iba a interactuar no me entendían y se me quedaban mirando con una caraña de extrañeza, asombro y espanto; afortunadamente, enmendé ese tipo de error y busque opciones de cómo hablarles del tema utilizando un lenguaje en el cual nos pudiéramos comunicar, entender e interactuar en grupo, además, he entendido que lo mas importante no es saturarlos de toda la información con la que yo contaba, sino que adentrarlos en el conocimiento dándoles lo necesario para que ellos puedan interesarse, buscar y apropiarse del conocimiento.
También entiendo que, la escuela es como un segundo hogar ya que pasamos más de la mitad de día en ella y tenemos la obligación de buscarle el gusto o de plano dedicarse a otra cosa, porque los jóvenes son tan diversos en sus formas de aprender, que no podemos asumir un rol rutinario para todos, tenemos que adoptar estrategias didácticas flexibles y frescas que nos permitan brindar una clase amena e interesante, además, es erróneo asumir que el conocimiento siempre será el mismo, y por tanto para que nosotros tampoco nos estanquemos, aburramos y sigamos creciendo a la par de las nuevas generaciones y la tecnología, debemos de cultivarnos y actualizarnos; esto también permitirá que los alumnos perciban lo mejor de nosotros y se lleven lo que nosotros les queremos dar, y no nos vean como un barco más al que tiene que subirse y aguantar lo que dura la clase.
El ser docente implica dar todo lo que uno sabe y entregarse por completo, eso nos dará satisfacción, nos permitirá vivir plenamente y disfrutar de nuestra profesión; uno piensa que cumplimos nuestro compromiso con la sociedad, con nuestra institución y con nuestros alumnos con el simple hecho de terminar el programa establecido al inicio de las clases, aunque para ello simplemente se repita lo ya establecido como un autómata; para poder emitir el conocimiento se necesita más que saberlo y tenerlo, se necesita pensarlo y sentirlo para poder transmitirlo de una manera directa y libre, para que el alumno lo pueda sentir y apropiarse de él, permitiéndole sensibilizarse, emocionarse y que quiera aprender más, y verá entonces a la escuela como un lugar donde se comparte tiempo, espacio, afecto, vivencias y donde se va a aprender y no como una alternativa para no ir a trabajar y perder su tiempo.
La base fundamental se nuestro quehacer docente son y siempre serán nuestros alumnos; ellos son los que nos motivan, los que nos enorgullecen y los que nos hacen crecer y ser mejores cada día, pero ellos también pueden ser los que castigan y recriminan nuestros errores o falta de ética profesional. Por tal motivo, necesitamos ser docentes competentes, comprometidos, críticos, responsables, formadores, facilitadores, flexibles y tener un alto grado de humanidad, para crear en nuestros alumnos la inquietud y gusto por descubrir el conocimiento, fomentar sus valores y desarrollar sus capacidades y actitudes tomando en cuenta que el profesor no siempre tiene una función, y que esta puede variar de acuerdo a las características propias del alumno y de la comunidad donde se localice la escuela; y que esta misma humanidad nos permitirá identificar las habilidades no aparentes de los alumnos y al mismo tiempo valorarnos y sentirnos útiles con la sociedad.
La flexibilidad de una cátedra, no significa que no se tenga planeada con anterioridad, más bien permite que las planeaciones se modifiquen de acuerdo a las características propias del grupo y de la materia que se imparta; entonces el hecho de enseñar a enseñar no solo es dar un contenido temático, significa más bien que para enseñar dentro de los retos y cambios actuales, el docente requiere de las competencias necesarias y de una constante capacitación y renovación pedagógica.
La mayoría de las veces las clases parten de saber que se quiere conseguir y a donde se quiere llegar, tomando como base los conocimientos previos que traigan los muchachos; después se trata de crear inquietud en los alumnos, para descubrir qué valor tiene lo que van a aprender, es decir, adentrarse a su entorno y mostrarles la importancia que pueden tener en su comunidad, obligándolos a analizar y pensar, de esta forma se trata de inquietar y enganchar a los jóvenes al tema que se va a tratar; una vez que se empiece el tema, lo mejor es divertirse explicándolo utilizando todo nuestro ingenio y haciendo uso de las renovaciones pedagógicas para evitar entrar en una clase repetitiva año con año; esto hace que encontremos y enriquezcamos nuevas formas de comunicación y de esta forma enriquecer el proceso enseñanza-aprendizaje; por tanto el reto actual de la docencia es que seamos maestros humanos, capaces de recuperar y transmitir el sentido de la sabiduría y conocimientos, fomentar la cultura, ciencia y los valores, por lo que los alumnos entenderán su posición en el mundo actual y el rol que les tocará en éste, además, serán capaces de enfrentarlo de manera activa y positiva.
Indudablemente la labor docente está lleno de retos y satisfacciones, pero de igual manera, al llevarla a cabo nos enfrentamos a un singular número de dificultades, y ahí resalta la capacidad de cada uno como emprendedores y personajes críticos y activos, ya que de nuestro ingenio dependerá el éxito o fracaso de la clase.
El primer percance siempre será romper el miedo a la primera clase, es decir a lo desconocido y el enfrentarnos por primera vez ante un público crítico, desconocido y hambriento de conocimiento y que sin duda impone su presencia. Una vez que brincamos esta barrera, nos enfrentamos al siguiente problema, encontrar nuestra identidad profesional, la cual no siempre es la correcta y tenemos que estar abiertos a las críticas, los cambios y a las nuevas posibilidades para mejorar nuestra mentalidad y por ende nuestro trabajo académico.
Creo que debemos descubrirnos como personas para entender como somos y que rol jugamos en nuestra sociedad y sobre todo en nuestro trabajo como docente. Debemos entender que nuestra nueva función no solo es dar el conocimiento tal cual lo hemos aprendido, debemos ser mediadores y ser capaces de modificarlo y traducirlo a un lenguaje digerible a los jóvenes, motivándolos en todo momento y llevarlos a un aprendizaje significativo. No obstante, debemos saber nuestras limitaciones y no enseñar lo que no sabemos, por tanto nuestra responsabilidad ética, política y profesional nos impone el deber de prepararnos, capacitarnos, y graduarnos antes de iniciar nuestra actividad docente, lo que no excluye que sigamos teniendo una capacitación permanente basada en el análisis crítico de nuestra práctica, y teniendo como base que, el que enseña, también aprende.
Considero que el factor decisivo entre ser un simple docente y el querer ser un docente competente, tiene base en los primeros encuentros en las aulas; muchas veces el impacto a una realidad tan ajena y diferente a lo que nosotros pensábamos es tan drástica y dura, que se opta sencillamente por volcarse en uno mismo, convertirse en una persona frustrada, mediocre y sin aspiraciones al cambio; el verdadero reto está en reponerse y hacerle frente a esa realidad, primeramente aceptar que se cometió un error y solucionarlo, resolver los problemas prácticos, no tratar de ser el maestro ideal y aparentar lo que no somos, y ver que existen soluciones a las posibles fallas y debilidades que como docentes tenemos. Tenemos que tener claro que la consolidación de un docente y su identidad profesional se alcanzan tras una capacitación, enriquecimiento de repertorio pedagógico y tras un periodo de especialización, partiendo de que la experiencia de aprender en uno como docente, resulta de estudiar de manera crítica, creadora y recreadora los tremas y estrategias de clases.
La mayoría de las veces los muchachos de nuevo ingreso llegan a nuestras aulas de educación media superior con deficiencias muy marcadas, y siempre es motivo de controversia el ver quien tiene la posible culpa; sin embargo, lo mas viable es dejar de quejarnos y dar el conocimiento partiendo de cero, porque la verdadera vocación no se conforma con enseñarles a los alumnos con capacidades sobresalientes, el verdadero reto de la educación es enseñar a los alumnos que tiene algún tipo de deficiencia y que éstos se vuelvan participes del conocimiento, que éste sea significativo y que les permita ser competentes en el siguiente nivel educativo.
No podemos detenernos ante problemas como la difícil tarea de preparar las clases día con día, y rebajar el conocimiento a sus niveles más bajos para que pueda ser entendible, debemos estar a la altura y constancia para brincar esta clase de obstáculos y enfrentarnos a las situaciones y realidades del país, tenemos que tener las herramientas para poder llevar a cabo un proceso enseñanza-aprendizaje de calidad con una actitud de servicio hacia los alumnos, tenemos que motivarlos a desear saber, hacer del aprendizaje algo practico, divertido y accesible para que ellos puedan tener nuevos conocimientos y los hagan suyo.
Indiscutiblemente, el que tengamos muchos conocimientos no nos da la seguridad que seamos capaces de transmitirlos; por tanto, un docente debe ser un comunicador , un intermediario entre la ciencia, la cultura y el alumno, y debemos estar en la misma frecuencia que ellos y manejar su lenguaje; eso implica no solo aprender a identificar el tipo de técnica grupal que se necesita, sino también la forma de cómo darla, es decir, desde la tonalidad y modulación de voz, hasta las aspectos físicos como gesticulaciones y posiciones claves dentro del aula, asegurándonos siempre que haya una comunicación e interacción por parte de todos, y con manteniendo una correcta corriente de empatía entre todos.
La concepción de una práctica docente exige una formación, contextualización y un desarrollo profesional que trascienda la forma técnica e instrumental común de la profesión; actualmente se requiere de una simbiosis entre la teoría y la práctica y su constante interacción; la teoría permite iluminar la práctica y de la práctica reflexiva se llega a una teoría de mayor contraste.
La única forma para ser mejores docentes cada día es, indiscutiblemente la disciplina; todos debemos ser capaces de visualizar nuestra identidad docente, con ellos podemos identificar nuestras fortalezas y debilidades; actualmente, no solo debemos de enseñar, debemos definir funciones, delimitar responsabilidades, discutir y negociar los sistemas de trabajo y de evaluación, y para llegar a acuerdos grupales, el razonamiento y el diálogo son las mejores herramientas.
La disciplina no solo se manifiesta en llegar temprano, preparar clases, tener material listo y dar a tiempo una clase; implica el estar capacitándose constantemente a través de estudio, la responsabilidad ética y profesional motivan al docente a prepararse y ser mejor cada día, buscando la calidad educativa y abatir el déficit educativo del país, porque el enseñar no existe sin el aprender.
La deficiencia con que los alumnos entran al nivel medio superior, nos hace pensar que la educación quizá tiene alguna limitante en el nivel de primaria y secundaria, quizás los cambios propios de la adolescencia se ven marcados e influyen en el poco interés para educarse, y aunado a los medios de comunicación nocivos que entorpecen el desarrollo del pensamiento y matan la imaginación, hace que en conjunto tengamos grupos apáticos y difíciles de entender, tratar y enseñar; sin embargo, hay que aceptar que los alumnos con los que contamos o los motivamos al deseo de aprender, o bien los perdemos totalmente. Por tanto nuestro papel de facilitador juega un papel importante para poder transmitir la emoción y el sentimiento por el conocimiento, y hacerlos partícipes activos de él; porque si bien, los docentes somos los portadores del conocimiento, también somos los encargados de comunicarlo y transmitirlos, porque lo mas importante para nosotros es mejorar al país, en base a la educación de calidad.
La docencia es un compromiso social donde se forman personas, por tanto no puede ser un simple proceso de transferencia mecánica de conocimientos memorizados del educador al aprendiz; al estudio crítico corresponde una enseñanza igualmente crítica.
La educación y la enseñanza están cruzadas por valores de diversa naturaleza. No solamente porque cada individuo y grupo los entiende de diferente manera, se inculcan los valores (solidaridad, paz, tolerancia, verdad) y se preparan ciudadanos para la vida, y la sociedad que actúen de manera activa y crítica, por tanto nosotros debemos convertirnos en intelectuales transformativos.
Si se inculcara el hábito del estudio y la lectura desde la infancia, y no tomar al estudio como una carga y la lectura como una obligación, si por le contrario fueren fuentes de placer y alegría, tendríamos índices que revelarían una mejor calidad de educación. Como docentes tenemos el desafío de transformas a nuestros ciudadanos, no solo enseñando a los alumnos a enfrentarse consigo mismos y con la vida, sino cambiar las ideologías y prácticas decadentes en busca de un futuro mejor.
Saludos!